Monthly Archives: December 2009

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Mis deseos para ti en esta Navidad:
Te deseo los cielos mas azules y un corazón en paz.
Una vida larga y feliz.
Confianza en la voz que te habla desde tu interior.
Coraje para perseguir tus sueños.
Comprensión para las épocas en las que pierdes el rumbo.
Te deseo la posibilidad de llegar a ser todo lo que deseas.
Un trabajo satisfactorio.
Toda la riqueza material y espiritual que necesites.
Ilusiones para compartir.
El permiso para perdonarte a ti mismo si alguna vez no alcanzas a cumplir con tus objetivos…
Que tu éxito mas destacado en la vida llegue en el momento mas significativo para ti.
Nos deseo un lugar en el que podamos vivir en armonía con la naturaleza y con el resto del mundo.
Mágicas noches. Diversión y entusiasmo cada día de tu vida.
Serenidad.
Personas para quienes seas muy importante, y que también sean importantes para ti.
Deseos pedidos a estrellas fugaces que terminen por hacerse realidad!
Te deseo un hogar lleno de vida y amor.
Recuerdos de momentos y lugares que permanezcan siempre muy cerca de tu corazón.
Conciencia de lo excepcional que eres.
Y que algún día todos estos deseos especiales se desplieguen ante ti.
Te deseo con mucho cariño;
Una hermosa noche buena y feliz navidad!

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“Una particularidad de esta disciplina es su objeto de estudio: un “objeto subjetivo” tratado por un “sujeto subjetivo” (M. Müller)

A que hacemos referencia con la palabra “clínica”

El adjetivo ” clínica “, que se acrecienta a nuestro modo de entender a la psicopedagogía, llamada entonces “psicopedagogía clínica”, se lo debemos a la psicopedagoga Blanca Tarnopolsky, que ya en la década del 70 la nombró así.

La dimensión básica de este enfoque es el reconocer la existencia de fenómenos inconscientes, y por lo tanto de la transferencia.

“…el ejemplo más perfecto de un enfoque clínico, es el enfoque psicoanalítico. Porque, por ejemplo, ¿qué hizo Freud? Como se dice, partió de la clínica. Es decir, que partió de las relaciones que se establecían entre él y los pacientes. Y, a partir de lo que aprendió él mismo de lo que ocurría en las relaciones, elaboró modelos interpretativos o explicativos para teorizar. Es decir que en Freud hubo una alianza particular de la clínica y de la teoría…”

En psicopedagogía significó un giro de gran importancia el cuestionamiento de la reeducación psicopedagógica, que en general está sólo al servicio de la exigencia de una adaptación mecanicista.

A su vez, desde otras corrientes en educación, también se ha señalado la necesidad del enfoque clínico. Así, un grupo de profesionales que trabajan con lo que llaman “formación de formadores”, en la década del ’90 han venido fundamentando el enfoque clínico para trabajar con los maestros y profesores, para ayudarlos a reflexionar sobre sus prácticas.

Claudine Blanchard Laville, dice:

“… adoptar ese enfoque clínico quiere decir en su base preocuparse por los procesos inconscientes, ya sea en una relación, en un sujeto en situación, en el grupo, en las instituciones o en las sociedades si se es sociólogo. Inconsciente no quiere decir sólo oculto o desconocido… Sí quiere decir fenómenos que actúan con una fuerza difícilmente dominable y con una lógica propia. Es ahí donde nos ayuda el Psicoanálisis para comprender esta lógica de los procesos inconscientes y para aprender como aprehender estos problemas ya que por definición actúan a pesar del sujeto….”

“… Se trata entonces de fenómenos no identificables por el sujeto mismo o por el grupo, cuyo reconocimiento requiere de un dispositivo que pasa por la palabra y cuenta con la presencia de alguien que, por no estar implicado en la situación, puede ayudar en su identificación…”

“… Hoy, cuando se habla de enfoque clínico en ciencias humanas, a menos que se esté en un malentendido, no se habla de patologías. Sin embargo socialmente parecería que el mal entendido todavía existe… ”

“… Es necesario terminar hoy con este malentendido y saber que se ha salido del estudio de la patología; lo que no quiere decir que no interesa el sufrimiento de los sujetos. Pero adviertan la diferencia entre tratar enfermedad, patología y sufrimiento. Todo ser humano sufre de manera existencial y yo sostengo, además, que sobre todo la situación profesional de formador, de docente, induce obligatoriamente a un sufrimiento psíquico en el sujeto, que no significa enfermedad…”.

El adjetivo clínica, hace referencia entonces a una postura, a una ética, a un modo de leer las situaciones y de intervenir (venir”entre”) sin interferir (ferir-entre).

El posicionamiento clínico forma parte del psicopedagogo y sus herramientas conceptuales, independientemente de que esté trabajando en una escuela, en una facultad, en el consultorio, en la televisión o en un hospital.

“… la palabra ‘clínica’ viene de la palabra griega klínein, que quiere decir ‘cama’. El clínico es el médico que está al pie de la cama del enfermo para hacer un diagnóstico de sus síntomas y, por supuesto, para curarlo, en la medida de lo posible. Hay idea de una relación, no con la enfermedad, sino con un enfermo determinado. En psicología, el enfoque clínico se opone a un enfoque experimental que trata de imitar las ciencias naturales, tratando de analizar relaciones de causalidad que se repiten. Encontrar leyes (…) se las llamaba ‘ciencias ideográficas’, esto es decir que se dedican a lo idiós, a lo singular. Un enfoque clínico es un enfoque que justamente se preocupa por entender un sujeto, o un tema singular. Lo que no quiere decir que no se alcance un cierto grado de generalidad. Pero no se trata de una generalidad en el sentido de ley general…. Esto quiere decir que la palabra clínica remite a dos cosas: por un lado, una escucha particular de lo que siente un sujeto, y en segundo lugar la posibilidad de teorizar de manera suficiente a partir de lo que se conoce y lo que se comprende de los sujetos, modelos teóricos del funcionamiento del sujeto como tal…”

Filloux nos permite comprender la necesaria “imbricación” entre la actitud clínica que permite mirar a un sujeto en su singularidad y la teorización hacia la generalidad, diferenciándola de la ley general. Esta cuestión es de fundametal importancia para quienes trabajamos con lo humano, pero atendiendo al sufrimiento de cada ser humano.

Uno de los peligros a que estamos expuestos es, precisamente, confundir la exigencia de tender a lo abarcativo de la generalidad, transformándo la provisoriedad en ley general para todos los sujetos. Pensando aquí en primer plano dos cuestioes que se entrelazan con la clínica: una que hace a la ética y otra que se refiere a la lógica, al modo de pensar.

En cuanto a la ética, la falta grave que se desliza es transformar al “enfermo” en “enfermedad”, y a la enfermedad en un “abstracto”, definitivo y cerrado, desgarrado de la salud.

En cuanto al modo de pensar, pierde la provisoriedad necesaria a todo pensar, las observaciones descriptivas y particulares se utilizan como si fuesen explicaciones de lo universal .

Lo devastador de tal modo de pensar, alcanza no sólo a los sujetos observados, y así transformados en objetos, sino también a quien los observa, ya que puede confundir “abuso de poder” con pensamiento.

Construcción teórica

“La teoría permite encontrar
ulteriormente las palabras
para explicar lo que ocurrió
en una situación que abarca el inconsciente
del analista y de su paciente”

Maud Mannoni

Las cuestiones que trato, transitan desde la práctica psicopedagógica a la construcción teórica psicopedagógica, que a su vez le va a dar fundamento.

Entiendo a la teoría como una red que nos permite ser libres en la creación de nuevos modos de intervención en la práctica.

En disciplinas como la nuestra, que versan sobre las interrelaciones humanas y sociales, la cuestión teórica pasa a ser más importante que en las llamadas ciencias duras. Porque precisamente nosotros creamos el objeto con el que vamos a trabajar. Tal objeto surge de la construcción teórica. Teoría que yo entiendo en particular en la Psicopedagogía, como la pausa que organiza la música. Si la música solo tuviese sonidos, no tendría melodía. La teoría tiene que ver con esas pausas, momentos en que nos detenemos para reconocer aquello que estamos produciendo.

La construcción teórica es producto de una posición en la cual nosotros podemos colocarnos para responder a la pregunta: “¿Qué he venido haciendo?”

Muchas veces se cree que la teoría debería responder a la pregunta: “¿Qué tengo que hacer?”. Entiendo que este modo de situarse no ayuda ni a nuestra construcción teórica, ni a nosotros, ni a quienes pretendemos ayudar.

El análisis y la reflexión sobre lo que venimos haciendo, abre un espacio de pregunta así como la posibilidad de pensar. Permite situarse con autoría. Necesito del otro para la respuesta, pero principalmente de mí mismo como un otro de mi propia pregunta.

En cambio, la pregunta: ¿qué debo hacer?, no me incluye como autor, reenviándome a una posición de dependencia.

Hacer pensable nuestra práctica es un propósito común a toda construcción teórica, pero además coincide con el propio objeto de la intervención psicopedagógica. Pues la psicopedagogía tiene como propósito abrir espacios objetivos y subjetivos de autoría de pensamiento. Hacer pensables las situaciones. Cosa que no es fácil, pues el pensamiento no es solamente producción cognitiva, sino que es un entrelazamiento inteligencia-deseo, dramatizado, representado, mostrado y producido en un cuerpo. Por eso mucho más importante que los contenidos pensados, es el espacio que posibilita hacer pensable un determinado contenido. A ese lugar estaremos dirigiendo nuestra intervención, nuestra mirada.

Los espacios de autoría de pensamiento no quedan construidos de una vez y para siempre, sino que necesitamos estar transformándolos y reconstruyéndolos permanentemente. La teorización se da en un lugar que a su vez también está en construcción, lugar “entre”, que se relaciona con el espacio transicional conceptualizado por Winnicott, como espacio de creatividad y del jugar.

Ese “entre” es entre la objetividad y la subjetividad. Por lo tanto no es sólo intrapsíquico. Es un espacio que simultaneiza la objetividad y la subjetividad. Ese es el lugar de trabajo de la psicopedagogía.

El lugar “entre” es también entre la certeza y la duda. Si solo tuviésemos certezas, quedaríamos congelados en el pasado. Si solo tuviésemos dudas, no podríamos nutrirnos de una base de sustentación para continuar trabajando en la construcción teórica. De allí la importancia de la pregunta.

La riqueza de la pregunta tiene que ver con la posibilidad de preguntarse, se-preguntar. Una vez escuché que la respuesta es la tristeza de la pregunta. La posición de preguntar (se) se da en la relación “entre” que toda pregunta incluye, entre aquello que se conoce y aquello que no se conoce. Preguntar es situarse (y ahí circula el deseo de conocer) entre lo que se conoce y no se conoce. En ese movimiento se va a nutrir el deseo de conocer.

El valor de la teoría está en la posibilidad que nos da de ser libres y creativos. Estamos entrenados en una enseñanza dicotómica, donde todo está separado, cuerpo-mente, recreo-hora de clase, teoría-práctica, etc. La realidad no está dicotomizada o escindida de esa manera.

Muchas veces me reclamaban (principalmente los maestros, pero también los psicopedagogos) que hablara sobre “la práctica”. Cuando indagaba acerca de lo que se esperaba con ese pedido, encontraba un deseo de que yo diera la respuesta a la pregunta: ¿qué hacer? en tales o cuales circunstancias. Partiendo del supuesto o más aún colocándome a mí en un lugar del supuesto saber-poder. En esas situaciones yo comencé a responder que a lo sumo podría a veces decirles : ¿qué no hacer? y de allí partir para el análisis de la posición desde donde intervenir. Inter-venir. la propia palabra nos ayuda – “venir entre” ¿Entre qué? Entre quien interviene y el otro.

Analizando desde qué posición estamos interviniendo, conseguiremos herramientas para producir nuevas intervenciones, en cuanto cambiemos de lugar.

Actualmente, en los grupos de formación de profesores y de psicopedagogos que coordino, ya desde el inicio dirijimos la mirada de los participantes hacia su propia producción aprendiente, entónces la construcción teórica va surgiendo espontánea y trabajosamente, con alegría y con angustia por parte de ellos mismos y ya no aparece el reclamo de que yo les hable de la práctica, pues los participantes consiguen realizar descubrimientos en relación a su propia práctica, que permitiéndole cambiar de lugar, los ayuda a pensar en como intervenir en el futuro.

La posibilidad de ser libres en el trabajo creativo surge de tener un sustrato teórico que permita descubrir, decidir y elegir cuáles son las técnicas que se van a utilizar. De lo contrario, las técnicas se transforman en nuevos mandatos generadores de sometimiento en el enseñante, quien consecuentemente no podrá transmitir al aprendiente un espacio de creatividad.

La teoría cumple la misma función que la red para un equilibrista. El equilibrista necesita tener como sustento a la red para poder inventar nuevas piruetas en el hilo donde camina. ¿Por qué? Porque si no tuviera esa red, que le asegura que cuando caiga no va a morir ni a lastimarse, no podría hacer equilibrio en el hilo por donde tiene que caminar. En nuestra práctica, tal como el equilibrista, tenemos que ir haciendo equilibrio e ir descubriendo cada día nuevas piruetas. La teoría es esa red que nos sustenta y que nos permite transitar por ese hilo tan riesgoso que es el camino de nuestro accionar concreto diario. Si carecemos de ella, no va a haber posibilidades de trabajar con autoría, de inventar nuevos recursos y descubrir qué medio utilizar en cada ocasión. Me opongo y no consigo dar respuestas técnicas acerca de qué hacer en cada circunstancia porque eso no es hablar de la práctica sino una forma de obturar la posibilidad de hablar de la práctica.

La diferencia entre la red del equilibrista y nuestra red teórica es que esta última tiene que construirla cada uno de nosotros por sí mismo, usando también los hilos (conocimientos) que le proveen los otros.

A su vez, si creemos que la teoría es el lugar por donde caminar, nos pasará lo mismo que al equilibrista que caminara por la red: nos caeremos por los agujeros.

Pensar y reflexionar; a partir de la seguridad-sostén que nos da la teoría para ir descubriendo, inventando qué hacer en cada circunstancia.

Escuchemos y pensemos las sabias palabras de Maud Mannoni:

“… no hay que buscar en la práctica una pura aplicación de la teoría (…) Una actitud dogmática sólo podría hacer que el analista se vuelva sordo a lo que el paciente trata de hacerle entender en su idioma, con sus palabras. Está claro que, en mi propio proceso, estoy obligada, según los hechos concretos que se presentan en la práctica, a privilegiar a veces el aporte de Lacan, a veces el de Winnicott o Bleger, etc. (…). Cuando me preguntan con qué parámetros trabajo, contesto: con todos estos parámetros, sin olvidar aquellos que el mismo paciente me indica, ya que es él quien me sirve de guía…”

Nuestro modo de teorizar, produce un método de investigación diferente, que permite escuchar la riqueza del saber, que no puede sistematizarse, ni someterse a estadísticas.

Volviéndo a Mannoni, podemos decir junto con ella que la psicopedagogía, el psicopedagogo comparte con el analista una posición en que:

“… lo que concierne a las hipótesis teóricas, éstas no siempre bastan para permitir que el analista haga un acto de invención. Le incumbe a él, según una fórmula tomada de Michel de Certeau, oir lo que la teoría no dice. …”

En una época en que, hemos llegado a una situación en que no sólo “las teorías” tienen este efecto obturador, sino más aún las técnicas, o hasta los medicamentos, propagandizados por los laboratorios, intentan expropiar a médicos, psicólogos y psicoterapeutas en general, de la actitud clínica, único modo de escuchar y entender, se hace más necesario recuperar nuestra capacidad de autoría.

En ese sentido Daniel Widlöcher escribe:

“… El estudio de los casos individuales favorece el descubrimiento, mientras que los métodos extensivos se preocupan por adoptar pruebas. (…) Probar unas evidencias esperadas es poco difícil. (…) El caso singular se inscribe en el descubrimiento, la sorpresa y hasta la paradoja. (…) Naturalmente, un caso único no informa sobre todo lo que querría saberse…”

La mayoría de las argumentaciones para fundamentar algunas supuestas disturbios como A.D.D. o A.D.H.D. se basan en un método descriptivo colocado como si fuese explicativo. Resultando argumentos como “Este niño es desatento porque tiene A.D.D. (disturbios de atención)”, o “Este niño es hiperactivo porque tiene A.D.H.D (disturbios de atención más hiperactividad)”, respondiendo a una lógica que sería como decir: “A es desatento porque es desatento”. El peligro es que tal lógica tautológica queda escondida detrás de una sigla o una palabra en griego. Lo que tiene un efecto de abuso de poder. Por ejemplo el profesional dice (creyendo que explica): “A. No aprende a leer y escribir porque tiene dificultades en el léxico”. Sólo que dificultades (“dis”) y en el “léxico”, lo dice en griego.

Ricardo Rodulfo, nos alerta:

“… la referencia psicopatológica es muy importante, siempre y cuando se reconozca la poca importancia que tiene; sin sus categorizaciones faltaría cierto mapa y por eso el psicoanálisis no pudo desprenderse por entero de los encuadramientos psiquiátricos… Sin ciertas categorizaciones nos perderíamos o no podríamos teorizar, nos perderíamos en una serie de prácticas caseras, de artesanías de momento, pero no hay que dar por esas categorizaciones más de lo que valen…”

“… Nuestro nivel de teorización más valioso, en cuanto sistema de abstracciones específicas, está constituído por lo metapsicológico -invención totalmente analítica- y no por la psicopatología…

Probablemente los psicopedagogos también estemos ante el desafío de realizar producción “metapsicopedagógica”, es decir ir desde la clínica, hacia el análisis de situaciones histórico, sociales, culturales.

A veces, los procedimientos técnicos y hasta los medicamentos, tienen un poder mítico.

Ricardo Rodulfo continúa diciéndo:

… [La psicopedagogía] que se mantiene en un plano intermedio, codificación de raíces míticas, vía de pasaje de ordenamientos tradicionales, cuyo verdadero nivel es más técnico que científico… existe un cuerpo técnico de procedimientos culinarios cuyo grado de formalización, aún cuando implique regularidades y hasta exactitudes, no está en un pie de igualdad con las leyes de la física o de la genética.

Es parte de nuestra ética el deber de recordar que hay cosas más peligrosas que la inexactitud: una de ellas es la apariencia de exactitud, la exactitud simulada. La producción de conocimiento en psicoanálisis sólo la puede concretar la reflexión metapsicológica…

Concluyendo, las cuestiones de aprendizaje y de eseñanza, implican necesariamente a seres humanos, que cuentan para poder aprender con un organismo transformado (humanizado) en cuerpo a través del deseo y la inteligencia, por lo tanto no sólo, (como explicaré en el próximo capítulo) se ponen en juego aspectos concientes sino principalmente inconscientes y preconcientes, convocados por el vínculo con el otro. Toda situación de aprendizaje es intersubjetiva, aún la solitaria contrucción teórica.

Escrito por la Lic. Alicia Fernández
Psicopedagoga
Directora de la Escuela Psicopedagógica de Buenos Aires “E.Psi.B.A” www.epsiba.com
Fundadora del Centro de Aprendizaje del Hospital Posadas, Bs As.
Asesora de actividades Psicopedagógicas en Brasil y Argentina.
Coordinadora de grupos para psicopedagogos en Brasil y Argentina.

Referencias bibliográficas:

Marina Muller
[Aprender para ser]
Silvia Schlemenson.
[La clínica en el tratamiento psicopedagógico]
Blanca Tarnopolsky, psicopedagoga argentina, inició trabajo psicopedagógico grupal en el Centro de Salud Mental Nº 1, del Gran Buenos Aires, en la década del sesenta. Fue asesinada por la dictadura militar en 1977.
Jean Claude Filloux, Intersubjetividad y formación, Ediciones Novedades Educativas, Buenos Aires, 1996
Claudine Blanchard Laville , Saber y relación pedagógica., Ediciones Novedades Educativas, Buenos Aires 1996. (Los subrayados son míos).
Jean Claude Filloux, Intersubjetividad y formación, Ediciones Novedades Educativas, Buenos Aires, 1996
Maud Mannoni, Winnicott, Revista E.Psi.B.A. Nº 7, Buenos Aires, 1998
Widlöcher D, “Le cas, au singulier”, en Histories de cas . Nouvelle revue de psychanalyse, nº 42, otoño de 1990, Gallimard, pp. 285-302, en Caroline Eliacheff, El cuerpo y la palabra, Nueva Visión, Buenos Aires, 1994
Ricardo Rodulfo, El niño y el significante, Paidós, Buenos Aires, 1990

“El psicoanálisis ha aprendido”

Judith Miller, hija de Jacques Lacan, habla de los cambios que se produjeron en la clínica psicoanalítica durante los últimos años y de los desafíos que esta disciplina enfrenta para estar a la altura de las problemáticas actuales.

1122550Judith Miller, hija de Jacques Lacan, se doctoró en Filosofía en la Sorbona en los años 70. No es psicoanalista pero su vida gira en torno al psicoanálisis. Está casada con Jacques-Alain Miller, presidente de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, y desde 1981 preside la Fundación del Campo Freudiano, institución creada por su padre en 1979 para la difusión del psicoanálisis en el mundo.

Judith Miller estuvo la semana pasada en Buenos Aires con motivo del IV Encuentro Americano del Campo Freudiano; además, en la Facultad de Psicología de la UBA, dio la conferencia “Freud, Lacan y la Universidad”, a la que asistieron 600 personas. En diálogo con adncultura contó que pasa mucho tiempo en su casa, trabajando en la computadora o contestando e-mails de colegas. Tiene cuatro nietos y disfruta mucho estar con ellos, hacer lo que ellos quieren, “pero con reservas -aclara- porque a veces tengo sorpresas”. Los nietos le permiten salir de sus costumbres, la ponen en contacto directo con cuestiones de la época actual, como los nuevos modelos familiares, la instruyen en los usos de la tecnología. A su vez, ella intenta transmitirles algo de su experiencia, de su “sabiduría de abuela”. Se define como una mujer “trabajadora” y se alegra de haber encontrado en cada etapa de su vida algo que hacer, en lo que se sintiera comprometida. “Tengo la suerte de no conocer el aburrimiento”, dice. Durante Mayo del 68 era una de las profesoras más comprometidas en la universidad y no se avergüenza de eso. “Por supuesto tuve ilusiones, pero sin ilusiones es difícil vivir algunas veces”, confiesa.

-¿Qué cambió en el psicoanálisis actual respecto del que había planteado Freud?

-El psicoanálisis ha aprendido de la historia del movimiento analítico que el inconsciente tiene recursos y que la gente cambia con el movimiento de la cultura. En los países donde el psicoanálisis existe desde hace un siglo no vemos las mismas histerias que vio Freud. La histérica es histórica [se ríe], es Lacan quien dice eso. El psicoanálisis hoy tiene que prever enfrentarse a una nueva clínica, y los analistas tratan de actualizar esta clínica todos los días. Si bien la experiencia y la reflexión sobre la clínica son valiosas, no existe la posibilidad para los analistas de considerar que ellos tienen todo el saber clínico: aprenden cada día, de cada caso. Eso es así desde la época de Freud. Él decía que cada caso, tiene que ser escuchado como el primero. Eso es parte de la formación propia de los analistas y lo decimos de una manera un poco socrática: “Hay que saber no saber”. Pero para eso, cada analista tiene que tener mucho saber: principalmente a partir de su propio análisis y de su experiencia como practicante.

-Los detractores del psicoanálisis sostienen que lo que pudo haber sido una teoría innovadora en los albores del siglo XX ya está perimido. ¿En qué se ha renovado el psicoanálisis?

-Hay una clínica nueva con conceptos surgidos a partir de la experiencia de Lacan y la obra de Freud. En el marco del Campo Freudiano hay un estudio muy cuidadoso de lo que se llama “la última enseñanza de Lacan”. Algunos de los nuevos síntomas encuentran su explicación en esa enseñanza, por ejemplo, lo que se llama “la nueva anorexia”. Los analistas no son los únicos que están en contacto con estos nuevos síntomas. Hay leyes muy recientes en Francia dirigidas a impedir la publicidad que conduce a la anorexia, porque hay un empuje comercial que invita a no comer para tener la imagen de moda. No es que todas las mujeres sean sensibles a eso, pero la anorexia promovida por la publicidad es un ejemplo de algunos de los problemas que se presentan hoy en la clínica.

-¿Los analistas están de acuerdo con esas leyes?

-Los analistas no tienen que opinar sobre las leyes, lo que digo es que estos nuevos síntomas no conciernen sólo a los analistas. En primer lugar conciernen a los que tienen estos nuevos síntomas y que sufren hasta la muerte. Pero conciernen también al campo jurídico, al campo médico.

-En el imaginario social se presupone que un tratamiento con un psicoanalista dura muchísimos años y que necesariamente hay que hablar de la infancia…

-Hay que distinguir entre el análisis que forma a un profesional y el efecto terapéutico que puede tener un tratamiento psicoanalítico para alguien que consulta pidiendo alivio para su sufrimiento. La experiencia que forma a un analista demanda mucho tiempo. Eso no se puede, creo, reducir. Entiendo que la formación de una profesión imposible como la de psicoanalista [Freud hablaba de tres profesiones imposibles: gobernar, educar, psicoanalizar, N. de R.] toma el tiempo que sea necesario. En cambio, muchas veces una pequeña intervención analítica es suficiente para modificar muchas cosas en la vida de alguien.

-¿De qué modo se aplica el psicoanálisis a la terapéutica en la cultura contemporánea?

-Hay nuevas iniciativas por parte de los analistas lacanianos. En lo que llamamos Centros Psicoanalíticos de Consulta y Tratamiento (CPCT) se lleva a cabo un trabajo analítico, ya que el psicoanálisis es lo que hace un analista, más allá de la duración del tratamiento. Trabajan allí analistas muy bien formados, con un saber clínico para mí extraordinario y eso les permite ubicar en la consulta el punto a partir del cual alguien puede ponerse a trabajar para cambiar su sufrimiento. Hay CPCT en varios lugares del mundo: en Europa, en Brasil. Aquí en la Argentina, PAUSA (Psicoanálisis Aplicado a las Urgencias Subjetivas de la Actualidad) es un centro orientado a la comunidad con un modo de aplicar el psicoanálisis similar al de los CPCT. En París son más de tres mil las personas que han experimentado un cambio en su vida a partir de la consulta en el CPCT.

-¿Más de tres mil?

-No somos especialistas en cifras, pero creo que hay más de 1000 pedidos de tratamiento cada año. El estilo de trabajo que plantea el CPCT es corto en el tiempo, sin pago de dinero, gratuito… Aunque pienso que, en realidad, no es gratuito: hay un pago personal que se hace. No es fácil hablar de uno mismo a alguien que te escucha de una manera que te responsabiliza. Los que consultan tienen que pagar eso. A los adolescentes les parece muy importante saber que el tratamiento no dura mucho tiempo. El CPCT les propone una apuesta: vamos a trabajar 6 meses, no más, quizás menos, y vamos a ver qué logramos encontrar juntos. En la práctica con niños algunas veces la intervención del analista es mínima y produce efectos muy importantes. Eso hace que algunos padres digan “¡Es un milagro!”, ya que han buscado un método para salvar al hijo de la emergencia de la tristeza o de la hiperactividad, han buscado muchas cosas para ayudarlo. Cuando por fin un niño encuentra un analista, no es un milagro pero es impactante. El analista puede explicar en cada caso de qué se trata ese milagro entre comillas. No hay milagro. El trabajo de los CPCT no es más que un ejemplo de iniciativa institucional. A mis ojos no hay que restringir el psicoanálisis aplicado a la última novedad de los lacanianos. Hay muchas instituciones creadas por colegas que son interesantes.

-En relación con esto, es importante recordar que en la Argentina hay tratamiento gratuito por psicoanalistas en los hospitales. Ahora bien, ¿y en los casos en que se hace necesaria la internación?

-Por supuesto, el psicoanálisis, con su preocupación por el caso por caso, debe también ser aplicado en instituciones donde el tratamiento toma mucho tiempo. La institución es un abrigo para los que no pueden sostener su vida afuera. Ahora hay pocas de lo que llamamos buenas instituciones, instituciones que alojen a la gente de tal manera que no sea destruida por los métodos institucionales. Esas instituciones sin duda piden la paz: no ser demasiado molestadas por los pacientes, evitar crisis, evitar… todo. Los remedios se pueden distribuir de una manera ciega, sin cuidar el caso singular de éste, ése y aquél otro. En ese caso, es el anonimato total. Me parece que pretender curar de una manera anónima es elegir un método que no se puede aceptar. Es verdad que los medicamentos permiten reducir el número de personas que viven en instituciones, pero también hay necesidad de acoger a una persona que sufre, que está muy mal, y así evitar pasajes al acto, suicidios y cosas así. A veces esto toma un tiempo muy corto, otras veces más largo.

-Tengo entendido que el psicoanálisis se está intentando poner a la altura de problemáticas sociales, como la violencia, la discriminación, la segregación.

-Los analistas, más que de violencia, hablan de agresividad. Estoy un poco implicada en esto. En Bulgaria por ejemplo, donde como en todos los países hay violencia, una violencia fuerte, hemos explicado por qué no vamos a hablar de violencia sino de agresividad por parte de los jóvenes. Hay que tomar en cuenta la edad, el momento de cada uno, y ubicar esta manera de expresarse sin palabras, pero con actos. Esto justifica más hablar de agresividad que de violencia.

-¿Qué tiene la violencia que no tenga la agresividad?

-La violencia masifica el abordaje del problema de la juventud. Pienso que es más difícil decir que la agresividad es algo colectivo. La agresividad es un concepto analítico; la violencia, no. Digo eso porque los trabajadores sociales de las instituciones donde hemos tenido que hablar de la violencia rechazando el término han entendido muy bien por qué. Es importante para la práctica de ellos, porque el concepto de agresividad implica el reconocimiento de una vida subjetiva, y no únicamente un movimiento anónimo que molesta a la sociedad. Eso permite tomar en cuenta la singularidad de los actos de cada uno.

-¿Y qué piensan los psicoanalistas de la agresividad que se da hoy en los adolescentes?

-No soy analista, pero creo que hoy, por diversas razones, falta a los adolescentes lo que llamamos la “deuda simbólica”. La respuesta de los adolescentes es ponerse en una situación donde se marca esa falta. ¿Por qué la ausencia de deuda simbólica? Porque hay una declinación del Nombre del Padre y eso produce efectos. No vamos a cultivar la nostalgia del padre anterior, el padre es el padre de hoy.

-Quizás, lo que se manifiesta en la sociedad como la caída de los ideales y de las instituciones es lo que los analistas llaman la declinación del Nombre del Padre. [El Nombre del Padre es lo que permite incorporar el valor de la figura paterna y de la ley, y a la vez, posibilita y regula el lazo con los otros N. de R.]. ¿Cómo puede orientarse el psicoanálisis en un momento de crisis de referentes?

-No vamos a restituir los ideales de una sociedad que justamente los rechaza. El trabajo de los analistas no es retornar a un pasado que está pasado.

-¿De qué modo el psicoanálisis alivia el sufrimiento de la gente en la época actual?

-Las iniciativas que las escuelas de psicoanálisis han tomado son maneras de responder a la búsqueda de hoy. Son respuestas diversas: institucionales, en la práctica privada y también hacia el público, para decir que los remedios pasan por una prudencia en relación con las propuestas de la sociedad de consumo. El psicoanálisis es un espacio que no lucha contra la sociedad de consumo, pero que tiene los medios para curar a los que sufren demasiado a causa de esta sociedad, donde la segregación es evidente: la riqueza mundial pertenece a menos de un uno por ciento de la población. En Brasil, hay analistas que han empezado a trabajar en las favelas. No hay remedio que esté en una receta. En cada lugar es diferente. Porque un grupito de jóvenes se dirige a un grupo de analistas por tal o cual razón, en tal o cual momento, podemos ayudar un poco a que puedan responder a lo que les pasa de una manera que no sea agresiva. Hay recursos, cada uno tiene recursos, quizás hay que poner de relieve precisamente recursos distintos a los que son mortíferos para ellos mismos y los otros.

-En lo social muchas veces hay un efecto sobre lo subjetivo, sobre cada sujeto, la sensación de ser un residuo, una parte prescindible, un desecho. Por ejemplo, en la precariedad laboral: hoy tengo este trabajo, mañana me descartan, no sé qué va a ser de mí…

-La experiencia de las favelas, en la que participé dos días el año pasado, me dio la posibilidad de conocer a un joven que hablaba de su vida allí. Él dijo: “Estoy como una rata en un laberinto, en mi propia ciudad”. Y a mí me llegó mucho, me tocó mucho. Porque cada uno de nosotros está como una rata en el laberinto. ¿Quién puede decir: “Tendré trabajo mañana”? Casi nadie. La precariedad es una amenaza general, es la ley del mercado. Estamos tomados todos, cada uno a su manera, por esta ley que no es el Nombre del Padre sino la ley del objeto de consumo, una ley caprichosa, que ignora completamente al ser humano, que privilegia la economía y, necesariamente, produce esa sensación de ser un residuo humano. Pero la ley, ¿qué es en ese caso? No hay ciencia económica, hay que decirlo, nada está previsto por los economistas, ellos encuentran situaciones sin poder preverlas. La ciencia prevé las cosas, la económica no es una ciencia exacta y el modelo económico funciona sin ley. Pienso que verdaderamente la desubicación que implica la precariedad toca a todos.

-Hoy en día, hay propuestas de organizaciones no gubernamentales y del Estado que, para crear redes con poblaciones en riesgo, con chicos y adolescentes de sectores marginados, apuestan a incentivar la creatividad, el desarrollo de un proyecto artístico: musical, de danza, de fotografía. ¿Sería ésa una orientación posible para la sociedad en general?

-No es la tarea del psicoanálisis el dar recetas… El psicoanálisis permite, a aquellos que tienen la suerte de encontrar un psicoanalista, una manera de encontrar lo que un colega de España ha llamado “un plus de vida”, otra manera de vivir, con sus dificultades, por supuesto. No vamos a proponer tampoco sublimaciones diversas, la creatividad de cada uno, como salida. Pienso que la posibilidad de encontrar algunos puntos de referencia permite a cada uno ubicarse de una manera tal que el goce mortífero esté un poco más acotado.

Fuente:
© LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1206479