Monthly Archives: January 2011

You are browsing the site archives by month.

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante.

Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces?. ¿Por qué no huye?

Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapa porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia: “Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?”

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:

El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.

Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él.
Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía…

Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre– que NO PUEDE.

Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer.

Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.

Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez…

·················································

Con este pequeño cuento podemos hacer una referencia con lo que, en muchas ocasiones, le sucede a las personas, a los equipos, a las organizaciones, etc. cuando se plantean un cambio (tanto sea por necesidad interna o por demanda externa) o por una combinación de ambas.

Voy a tomar el ejemplo de las personas para que sea más ilustrativo.
Frente a lo desconocido se presentan las incertidumbres y los miedos, también al cambiar ciertos hábitos que te mantienen atascado en tu desarrollo, al dar los primeros pasos en algún plan que tengas.
En muchas ocasiones se puede llegar a sentir una cadena que ata y atrasa, y no hay peor jaula que las creencias y las conversaciones internas que están relacionadas al NO PUEDO o NO VOY A PODER. (Palabras que tienen mayor peso que un elefante…)

Ir por el mundo atascado, restándo libertad y creatividad, es estar preso de uno mismo. Quizás influyan experiencias anteriores, errores que se han tomado como limitaciones o se han hecho eco de vivencias ajenas.

Vale la pena intentarlo, aquello que necesités o consideres apropiado, con pensamientos positivos, con objetivos cortitos y constantes poder dejar de estar atado y dar el primero e imprescindibles de los pasos.

A intentarlo nuevamente, quizás en este momento haya en vos mucha fortaleza y muchas cosas a favor, siempre es un buen instante para vencer el miedo al fracaso y plantear aquellos registros que se han enmarcado en algo imposible. Vos sos más grande y más fuerte y contás con todas las herramientas para poder cambiar aquellas ideas preexistentes. (Y tan destructivas). Decite a vos mismo que VOS SÍ PODES! E imagina una y otra vez que has logrado romper aquella cadena…

Los sueños son sumamente importantes. Nada se hace sin que antes se imagine.” – George Lucas

Si dices que puedes tienes la razón; si dices que no puedes también tienes la razón” – Henry Ford

Donde hay una empresa de éxito, alguien tomó alguna vez una decisión valiente.” – Peter Drucker

Haz en la medida de lo que esperas conseguir.” – Audrey Hepburn

Lourdes Quinteiros.-
lourdesquinteiros@yahoo.com.ar

Hace un tiempo he visto un vídeo de un discurso que me ha parecido muy interesante desde varios puntos de vista y hoy los invito a que lo compartamos, se basa en las experiencias personales y profesionales de Steve Jobs. (Fundador y CEO de Apple y Pixar Animation)
BIOGRAFIA

Veremos un discurso que inspira, emociona e invita a pensarse y pensar a través de las tres historias que él decide compartir en un discurso que da durante una ceremonia de graduación de la Universidad Stanford.

Lourdes Quinteiros.-

Desde este rinconcito cybernético, desde aquí mi hasta luego a la artista incomparable e irremplazablede María Elena Walsh, que nos ha brindado su arte y su poesía a grandes y chicos. Es una gran pérdida para nuestra cultura, pero más allá de lo negativo de su partida, considero importante resaltar lo positivo que ha sido su presencia y sus aportes, los cuales seguirán vivos en nuestras memorias y corazones!

Canciones infantiles que me hayan gustado y me gusten; todas las de Maria Elena Walsh. Ya que abrió puertas a la imaginación, a los juegos, a la música infantil, invitando a la creatividad y dándole felicidad, color, risas y poesía a nuestras infancias. Para los adultos comparto la siguiente:

Como la cigarra
María Elena Walsh

Tantas veces me mataron,
tantas veces me morí,
sin embargo estoy aqui
resucitando.
Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal
porque me mató tan mal,
y seguí cantando.

Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.

Tantas veces me borraron,
tantas desaparecí,
a mi propio entierro fui
sola y llorando.
Hice un nudo en el pañuelo
pero me olvidé después
que no era la única vez,
y volví cantando.

Tantas veces te mataron,
tantas resucitarás,
tantas noches pasarás
desesperando.
A la hora del naufragio
y la de la oscuridad
alguien te rescatará
para ir cantando.

“Como la cigarra”, 1972

Lourdes Quinteiros.-
Psicopedagogía

Comienzo este 2011 con deseos de prosperidad para todos, les hago llegar un fuerte abrazo y doy lugar al post que nos convoca hoy; es un lindo cuento que nos habla sobre la importancia del balance entre el cuerpo, los deseos y la mente.
“La alegoría del carruaje” Jorge Bucay

Un día de octubre, una voz familiar en el teléfono me dice:

-Sal a la calle que hay un regalo para ti.

Entusiasmado, salgo a la vereda y me encuentro con el regalo. Es un precioso carruaje estacionado justo frente a la puerta de mi casa. Es de madera de nogal barnizada, tiene herrajes de bronce y lámparas de cerámica blanca, todo muy fino, muy elegante, muy “chic”. Abro la portezuela de la cabina y subo. Un gran asiento semicircular forrado en pana bordó y unos visillos de encaje blanco le dan un toque de realeza al cubículo. Me siento y me doy cuenta que todo está diseñado exclusivamente para mí, está calculado el largo de las piernas, el ancho del asiento, la altura del techo… todo es muy cómodo, y no hay lugar para nadie más.

Entonces miro por la ventana y veo “el paisaje”: de un lado el frente de mi casa, del otro el frente de la casa de mi vecino… y digo: “¡Qué maravilla este regalo! Qué bien, qué lindo”. Y me quedo un rato disfrutando de esa sensación. Al rato empiezo a aburrirme: lo que se ve por la ventana es siempre lo mismo.

Me pregunto: “¿Cuánto tiempo puede uno ver las mismas cosas?”. Y empiezo a convencerme de que el regalo que me hicieron no sirve para nada. De eso me ando quejando en voz alta cuando pasa mi vecino que me dice, como adivinándome:

-¿No te das cuenta que a este carruaje le falta algo?
Yo pongo cara de qué le falta mientras miro las alfombras y los tapizados.

-Le faltan los caballos -me dice antes que llegue a preguntarle.
-Cierto -digo yo.

Entonces voy hasta el establo que hay en la estación y le ato dos caballos al carruaje. Me subo otra vez y desde adentro grito: ¡Eaaa!

El paisaje se vuelve maravilloso, extraordinario, cambia permanentemente y eso me sorprende. Sin embargo, al poco tiempo empiezo a sentir cierta vibración y a advertir el comienzo de una rajadura en uno de los laterales. Son los caballos que me conducen por caminos terribles; pasan por todos los hoyos, se suben a las banquetas, me llevan por barrios peligrosos. Me doy cuenta que yo no tengo ningún control; los caballos me arrastran por donde ellos quieren. Al principio, ese derrotero era muy lindo, pero al final siento que es muy peligroso. Comienzo a asustarme y a darme cuenta de que esto tampoco sirve.

En ese momento, veo a mi vecino que pasa por ahí cerca en su auto y le grito: ¡Qué me hizo! A lo que responde: ¡Te falta el cochero!

Con gran dificultad y con su ayuda, logro hacer que los caballos se detengan y decido contratar a un cochero. A los pocos días asume funciones. Es un hombre formal y circunspecto con cara de poco humor y mucho conocimiento. Me parece que ahora sí estoy preparado para disfrutar verdaderamente del regalo que me hicieron.

Me subo, me acomodo, asomo la cabeza y le indico al cochero a dónde quiero ir. Él conduce, él controla la situación, él decide la velocidad adecuada y elige la mejor ruta. Yo… Yo disfruto el viaje.

Alegoría
Hemos nacido, salido de nuestra “casa” y nos hemos encontrado con un regalo: nuestro cuerpo. Un carruaje diseñado especialmente para cada uno de nosotros. Un vehículo capaz de adaptarse a los cambios con el paso del tiempo, pero que será el mismo durante todo el viaje.

A poco de nacer, nuestro cuerpo registró un deseo, una necesidad, un requerimiento instintivo, y se movió. Este carruaje -el cuerpo- no serviría para nada si no tuviera caballos; ellos son los deseos, las necesidades, las pulsiones y los afectos.

Todo va bien durante un tiempo, pero en algún momento empezamos a darnos cuenta que estos deseos nos llevaban por caminos un poco arriesgados y a veces peligrosos, y entonces tenemos necesidad de sofrenarlos. Aquí es cuando aparece la figura del cochero: nuestra cabeza, nuestro intelecto, nuestra capacidad de pensar racionalmente. Ese cochero dirigirá nuestro
avance. Hay que saber que cada uno de nosotros es, por lo menos, los tres personajes que intervienen allí.

Tú eres el carruaje, eres los caballos y eres el cochero durante todo el camino, que es tu propia vida. La armonía deberás construirla con todas estas partes, sin descuidar a ninguno de estos tres protagonistas.

Dejar que tu cuerpo sea llevado sólo por tus impulsos, tus afectos o tus pasiones puede ser y es sumamente peligroso. Es decir, necesitas de tu cabeza para ejercer cierto orden en tu vida.

El cochero sirve para evaluar el camino, la ruta. Pero quienes realmente tiran del carruaje son tus caballos. No permitas que el cochero los descuide. Tienen que ser alimentados y protegidos, porque…. ¿qué harías sin los caballos? ¿Qué sería de ti si fueras solamente cuerpo y cerebro? Si no tuvieras ningún deseo ¿cómo sería la vida? Sería como la de esa gente que va por el mundo sin contacto con sus emociones, dejando que solamente su cerebro empuje el carruaje. Obviamente, tampoco puedes descuidar el carruaje, porque tiene que durar todo el trayecto. Y esto implicará reparar, cuidar, afinar lo que sea
necesario para su mantenimiento. Si nadie lo cuida, el carruaje se rompe, y si se rompe se acabó el viaje…

Justo cuando puedo incorporar esto, cuando sé que soy mi cuerpo, mi dolor de cabeza y mi sensación de apetito, que soy mis ganas y mis deseos y mis instintos que soy además mis reflexiones y mi mente pensante y mis experiencias… Justo en este momento estoy en condiciones de empezar, equipado, este camino, que es el que hoy decido para mí.

Lourdes Quinteiros.-
lourdesquinteiros@yahoo.com.ar
www.lourdesquinteiros.com.ar