Quiero compartir con ustedes un artículo de Ernesto Gore, a mi consideración sus aportes son de muchísimo valor, tiene un completo dominio teórico y práctico y una excelente capacidad de transmitir ideas y conceptos claves.

Cuando se habla de aprendizaje en contextos organizativos es necesario tener en cuenta que un individuo trabajando aprende siempre muchas más cosas de las que puede llevar a la práctica. Esto se debe en parte a que en una situación de trabajo casi todos los aprendizajes significativos requieren una coordinación de conductas con otras personas.
Cada actividad de capacitación que intente ser llevada a la práctica supone un cambio del statu-quo y esto requiere acuerdos que van más allá de las competencias específicas que se enseñan en un curso.
En consecuencia, un diseño educativo, requeriría no sólo calidad intrínseca, sino también cierto tipo de relaciones con otras variables organizacionales.

Tomemos por ejemplo un curso que tenga por objeto enseñar a operarios a manejar un nuevo instrumental. Es posible que el curso se dicte en un aula, con instructores que desconocen la situación real de trabajo y donde los participantes escuchan charlas, vean proyecciones o incluso tengan alguna práctica con los mismos. Al llegar al puesto de trabajo, probablemente descubran que las condiciones reales son más complejas que las de aula, y que lo que ayer, con el instructor cerca, parecían saber, hoy lo ignoran.
Puede ser, en cambio, que el curso sea activo y se lleve a cabo en el lugar y en las condiciones reales de trabajo, permitiendo sortear los inconvenientes descriptos arriba y que los participantes hayan adquirido pericias necesarias para cambiar su forma de trabajo.
En el primer caso, los alumnos no estarían en condiciones de aprobar ninguna evaluación más o menos seria de aprendizajes, en el segundo caso sí lo estarían, pero puede ser que encontremos que tampoco hay transferencia de lo aprendido al trabajo. Para que este conocimiento realmente se integre a los hábitos de trabajo son necesarios factores que van más allá de las habilidades específicas de los operarios, tales como que el supervisor esté al tanto y que valore esta forma de operar, que abastecimientos tenga equipos y que el esquema de retribuciones sea coherente con los objetivos que se buscan.

Desde esta perspectiva, el problema de aprendizaje organizacional supera en mucho el rol tradicional del área de capacitación. Para que un conocimiento potencialmente operable se lleve a la acción, es necesaria una red de acuerdos organizativos que les dé sustento y legitimidad, que los institucionalice.

En trabajos anteriores (Gore y Vázquez Mazzini, 1995, Walter y Gore, 1996) hemos descrito a ese proceso como una “construcción de la corresponsabilidad” tendiente a lograr el compromiso de quienes estén implicados en:
- La percepción de la necesidad de una acción transformadora,
- El acuerdo sobre las estrategias de resolución, y
- La involucración posterior en el proceso, ya sea como participantes, instructores, especialistas temáticos o monitoreando el seguimiento de la capacitación y sus resultados.

En otros términos, esto significa que la puesta en marcha de un programa de capacitación implica una tarea “previa” de lograr que el núcleo de gente que va a tener que ver en este proceso tenga una visión compartida del problema y acepte, aún mínimamente, ciertas estrategias de resolución que implican cambios en la forma de trabajo.

La construcción de un acuerdo comienza con el establecimiento mismo de la oferta educativa. Esta etapa supone mucho más que un diagnóstico de necesidades; exige una percepción compartida de los requerimientos que surgen de la situación del negocio en el contexto y de las formas de encararlos.
Entre los acuerdos que es necesario lograr en esta etapa, están los referidos a quiénes y cómo participarán en las etapas posteriores.

A pesar de lo que expresen los objetivos formales, distintos públicos tienen diferentes intereses respecto de un mismo programa. Una solución posible es integrar objetivos y expectativas desde la concepción misma del programa a través de una red en la cual tengan participación integrantes de los diferentes sectores vinculados: clientes, proveedores internos, destinatarios y expertos temáticos.

Constituir una Red de Programa no implica desertar de las funciones específicas de capacitación, sino más bien ampliarlas asumiendo explícitamente la dosis de mediación institucional que hay contenida en toda acción formativa. Por lo general, detrás de una acción de capacitación hay una inconsistencia institucional que no ha sido discutida, un conflicto que no ha sido enunciado, una cuestión política que no ha sido explicitada. La Red de Programa, que puede tomar la forma de un Comité, un trabajo de relevamiento y presentaciones, un taller de discusión o cualquier otra, debe ser el espacio que contenga, que brinde encuadre, método y límites, a esa discusión.
Para que la red sea útil es necesario que tanto la gente de línea como la de capacitación tengan claro que no se trata solamente de una tarea técnica sino también política, y que ese espacio es un espacio de aprendizaje organizacional. De esa mediación y esos debates surgirán los acuerdos y aprendizajes organizativos, de los que se nutrirá luego la acción formativa.

Lo que hemos enunciado no es ni nuevo ni desconocido, pero significa un cambio importante en el rol del área de capacitación. Significa aceptar que, en tanto las organizaciones devienen redes, las áreas staff se convierten en mediadoras.
La construcción de la legitimidad de la capacitación es un proceso crítico que necesita de diálogos y acuerdos importantes. Cuando un proyecto de capacitación dispone de la red de acuerdos necesarios, los individuos comienzan a contar con el marco organizativo necesario para pasar a la acción. El aprendizaje deja entonces de ser un fenómeno individual para convertirse en organizacional.

Lourdes Quinteiros.-
Especialista en Psicopedagogía Laboral

One Thought on “Capacitación y Aprendizaje Organizacional

  1. Hola.
    Realmente le confieso que al leer su articulo he quedado sumamente complacido, porque ha dado usted la dimensión justa al asunto del entrenamiento en las organizaciones.
    Cito la oracion que me impacto sobremanera:

    Por lo general, detrás de una acción de capacitación hay una inconsistencia institucional que no ha sido discutida, un conflicto que no ha sido enunciado, una cuestión política que no ha sido explicitada.

    Allí esta contenida la esencia del entrenamiento, para poder desarrollar las competencias que aun no se poseen y que hacen falta para que el desempeño contribuya al logro de los objetivos trazados en los planes de cualquiera de los niveles.
    Evidentemente que el compromiso de todos los actores que intervienen, desde la idea a la acción, es vital, es la única manera de que se realice según lo que se pensó, lo que se creo, lo que esta contenido en la idea.
    A veces pienso que, verlo desde otro angulo es un tanto mas fácil; basta con imaginar lo que suele suceder en algunas empresas, en las que la alta dirección ideo un plan de entrenamiento para implementar un SGC y solo asisten a los talleres los operarios de equipos y el personal de seguridad.
    Felicitaciones por su post y las gracias por el valor que aporta a mi desempeño.
    Gustosamente, la invito a ver mi blog: http://www.richalvirgilioazuartelopez.blogspot.com

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