VI. “Nosotros” y “los otros” en los medios
Identidad
El martes 30 de junio de 1998 la Argentina mostraba sus calles casi desiertas. En bares, oficinas o en las propias casas, la inmensa mayoría de los argentinos se agrupaba frente a la pantalla de algún televisor. Los seleccionados de fútbol de Argentina e Inglaterra disputaban un partido con motivo del Campeonato Mundial de Francia.
Cuando el silbato del árbitro marcó el final del encuentro y el triunfo para el equipo argentino, las calles se llenaron nuevamente de gente: hombres, mujeres, niños, jóvenes, profesionales, amas de casa, estudiantes, obreros, taxistas… En las calles dominaba el celeste y blanco de las banderas. Los colores aparecían en los rostros pintados de la gente, en los gorros, en las camisetas, en los balcones o en las manos. Una lluvia de papelitos sumada al ruido de las bocinas, bombos y cornetas acompañó los saltos junto al grito “el que no salta es un inglés”.
¿Por qué personas tan distintas entre sí, con historias individuales tan diferentes y únicas, que no se conocían ni se habían visto jamás, se expresaban de manera casi igual frente al triunfo del seleccionado nacional? ¿Qué los unía? La respuesta resulta casi obvia. “Todos somos argentinos. Cómo no vamos a festejar un triunfo del seleccionado.”
Sin duda, nacer en un determinado país, identificarnos con los símbolos patrios, hablar una lengua común, adquirir costumbres similares, apoyar a la selección nacional, son elementos que funcionan como puntos de referencia en torno de los cuales se construyen las identidades.
Desde chicos, aprendemos de la sociedad y de los medios cuál es nuestra identidad nacional, regional, local e individual. Anuncios publicitarios, telenovelas, fotografías, series, películas, notas periodísticas, video-clips y noticieros, hablan constantemente de nuestra identidad. Nos sugieren qué pensar, qué sentir, qué creer, qué desear y qué temer. Nos muestran cómo vestirnos, qué consumir, de qué manera ser popular y evitar el fracaso y cómo reaccionar ante miembros de grupos sociales diferentes al nuestro. Los medios nos ofrecen modelos de identidad individual, nacional y cultural, aun cuando no necesariamente los tomemos tal cual nos son propuestos.
Analizar la manera en que los medios ofrecen una imagen de nuestra identidad, significa comprender la manera en que la sociedad y el mundo, “ellos” y “nosotros”, “yo” y “el otro”, estamos representados en un universo cada vez más mediado por la televisión, el diario, el cine, la radio e Internet.
Los anuncios publicitarios, las historias de las series televisivas o de las películas, las letras de las canciones de moda, las fotos de los diarios y las noticias, nos proponen constantemente modelos de identidad cultural.
La escuela es, sin duda, un ámbito privilegiado para la construcción de la identidad cultural. Los festejos de las fiestas patrias, los discursos, los bailes y las canciones típicas aprendidas en las horas de música, las carteleras, las imágenes y los relatos históricos de los libros de texto, los juegos en los recreos, las canciones de moda que tararean los chicos conforman un universo de sentido que favorece y hace posible la apropiación, por parte de las generaciones más jóvenes, de una identidad cultural compartida.
La identidad cultural, entonces, se construye sobre la memoria colectiva común, expresada a través de las tradiciones, la historia común y las relaciones sociales cotidianas. Esto nos permite pensar la identidad cultural como una construcción social, dinámica y cambiante. Y que, por lo tanto, puede ser sujeta a análisis, pregunta y transformación.
Existe otro aspecto de la identidad que es importante analizar; aquel que vincula la identidad con la diferencia. En la construcción de la identidad de cualquier grupo social, al mismo tiempo que se conforma un nosotros, toma forma un otros, con atributos y cualidades que hacen a esos otros distintos a nosotros.
Todos aprendemos nuestra identidad cultural, no nacemos con ella. La aprendemos en la escuela, a través de las imágenes de los libros de lectura, de las láminas, de los actos escolares y a través de los medios de comunicación: en películas, publicidades, telenovelas, artículos periodísticos, noticieros, canciones…
¿Cuál es el papel de los medios de comunicación en relación con la construcción de nuestra identidad?
Los medios –como dijimos- participan activamente en la conformación de nuestra identidad en la medida en que influyen sobre la idea de un nosotros, que es distinto de un otros. Los medios participan en la construcción de la idea de nacionalidad, raza, género, etc. Los medios de comunicación nos ofrecen modelos de identidad individual, y colectiva, aun cuando no necesariamente los tomemos tal cual nos son propuestos.
Analizar con los alumnos la manera en que los medios hablan de “nosotros” y de “los otros”, es fundamental para comprender la manera en que los medios construyen representaciones en un mundo cada vez más mediado por la televisión, Internet, el diario y la radio.
Podremos entonces preguntarnos frente a cualquier mensaje de los medios: ¿Cómo hablan los medios acerca de “mí” o de “nosotros”? ¿Cómo construyen los medios representaciones de los que no son como yo, es decir de “los otros”?
En el caso de este libro, buscaremos preguntar acerca de la manera en que la radio, el diario y la televisión hablan de los diferentes países que participan del Mundial de Fútbol. ¿Cómo representan sus culturas? ¿Qué aspectos destacan de ellos? ¿Cuáles son los menos representados? ¿Hablan sólo de los equipos de fútbol o de las culturas y sociedades a las que representan? ¿Se habla de “los ingleses”, “los alemanes”, “los españoles”, “los africanos”, “los latinoamericanos”, “los argentinos”? ¿Qué se dice de “ellos” y de “nosotros”? ¿Y qué no se dice?
Estos son interrogantes que un trabajo con los medios en torno al Mundial de Fútbol no puede ignorar.
Valores y Estereotipos
En los primeros párrafos de este capítulo afirmamos que el acto de representar supone, necesariamente, la selección de algunos aspectos sobre otros. Representar implica valorar ciertos rasgos (más que otros) del tema o de la cultura que se busca representar. Las valoraciones que hacen los medios suelen influir sobre las opiniones que se forman las personas sobre ese tema o cultura.
Los valores no son propiedades que poseen los objetos o los individuos, como la altura, el peso, la forma o el color. Dependen de la relación de ese objeto o individuos con quien realiza el acto de valorar. Así, la belleza de un objeto no forma parte propiamente de él: el objeto es bello para alguien que lo está mirando. Y los valores dependen del contexto cultural e histórico de la sociedad que valora.
Los valores suelen ser socialmente compartidos, aunque también pueden ser individuales. Una persona puede valorar positivamente cosas que para otros miembros de su comunidad carezcan de valor. Se valoran conductas, actitudes, rasgos de personalidad, objetos, etc.
Los valores hablan de reglas y normas orientadoras de la conducta social o individual que nos indican cómo comportarnos en distintas situaciones. Ser tolerantes, defender la igualdad de los hombres, la libertad y la justicia, son valores que se transmiten desde la escuela: son valores compartidos y consensuados.
Hay otros valores que no son consensuados, que son rechazados por todos o casi todos, y que se oponen a los valores compartidos, los llamaremos contravalores. En este grupo ubicaremos a la esclavitud, la desigualdad, la injusticia, la violencia, etc.
Todo lo que transmiten los medios de comunicación, historias de ficción, series, telenovelas, noticieros, documentales, películas, artículos de opinión, crónicas, etc es portador de valores. Es importante saber reconocer qué valores transmiten los medios en sus mensajes, analizar por qué han elegido ciertos valores y no otros y cómo se vinculan a los que sostienen las audiencias.
Los valores pueden – a veces- convertirse en estereotipos. Cuando una serie muy limitada de símbolos y valores se presentan repetidamente como algo “típico” de un determinado grupo social o una situación, hablamos de estereotipos. Cuando lo que se dice de un grupo (la mujer, los jóvenes, los inmigrantes, etc.) es parcial y siempre igual, solemos hablar de estereotipos.
¿Qué es entonces, un estereotipo? Un estereotipo es una representación frecuente, parcial y simplificada sobre un grupo de gente, que resulta de la selección de unos pocos rasgos entre una gran cantidad de posibilidades para representarlo.
Cada uno de nosotros, en su vida cotidiana, utiliza cientos de estereotipos presentes en las imágenes que solemos tener de ciertos objetos, situaciones y grupos. Supongamos, que quisiéramos dibujar a una abuela. Seguramente, muchos pensaremos en una mujer mayor, con cabellos blancos, rostro arrugado, anteojos, vestida de manera conservadora y sentada en una silla mecedora. Sin embargo, todos conocemos muchísimas abuelas que no responden a esta descripción. A pesar de ello, para pensar en una abuela, recurrimos a un estereotipo que refleja una única visión.
Podría argumentarse, sin embargo, que algo de verdad encierra el estereotipo de abuela: las abuelas pueden tener cabello blanco y usar anteojos. Y es cierto: sucede que los estereotipos suelen ser parcialmente ciertos y parcialmente falsos. Las características que se señalan pueden ser ciertas (y en esto son veraces) pero no son las únicas (y en esta reducción reside la falsedad). Dicho de otro modo, hay abuelas con cabello blanco y en mecedoras. Pero no es éste el único rasgo de una abuela, ni todas las abuelas son así. Hay abuelas que se tiñen el pelo, que trabajan, que no tienen mecedoras, etc.
Lo que sucede con los estereotipos es que los elementos elegidos para categorizar a un grupo social pueden ser verdaderos, pero son una selección reducida, simplificada, parcial y que no incluye otros rasgos que trazarían una imagen más completa del grupo social, en este caso, de las abuelas.
Los estereotipos, están instalados en la sociedad y con frecuencia son acentuados por los medios de comunicación. Son una representación convencional y simplificada de grupos de gente a quienes se encasilla en una determinada categoría según su aspecto, conducta o costumbres. Existen estereotipos de nacionalidades, de clases sociales, de ocupaciones, de profesiones, de razas y de género. De cualquier modo, no todos los estereotipos aparecen con la misma fuerza: la mujer aparece estereotipada con más frecuencia en la publicidad que los hombres.
Ningún estereotipo permanece invariable ni es eterno a lo largo del tiempo. Si bien son difíciles de modificar, con el paso de los años y las transformaciones que la misma sociedad atraviesa, las imágenes estereotipadas de los diferentes grupos sociales se modifican poco a poco de acuerdo con los procesos de cambio social. Precisamente por eso, es posible (e importante) interrogar y desafiar los estereotipos.
Los estereotipos –como vimos en el caso de la abuela- forman parte de nuestra vida cotidiana. Los construye la misma sociedad. Por el alto grado de consenso que poseen, se convierten en la forma ”normal” y “natural” de pensar, hablar y hacer bromas sobre ese determinado grupo. Es “natural” pensar y describir a las abuelas como de cabello gris, anteojos y en silla mecedora, aun cuando en la realidad muchísimas abuelas no tengan nada que ver con esa imagen.
Los medios de comunicación no crean ni inventan los estereotipos. Ciertamente pueden transmitirlos y, muchas veces, reforzarlos. La presencia de estereotipos en los medios se debe a que de esta manera, son fácilmente reconocibles por las audiencias.
Pensemos, por ejemplo, en cualquier programa humorístico o en una historieta. Es fácil identificar al empleado público ineficiente, al gerente abusador, al ama de casa feliz, etc. En muchas tiras humorísticas se parodia o satiriza a distintos tipos sociales y así, el estereotipo es rápidamente comprendido e incorporado como “natural” por el receptor.
Es justamente esta “naturalidad” lo que queremos desafiar con las actividades de las próximas páginas. Esta particular manera de hablar de las personas o grupos de personas es lo que se busca interrogar. Analizar la manera en que los medios hablan de “los europeos”, “los africanos”, “los asiáticos”, “los latinoamericanos” que participan del Mundial de Fútbol, es el abordaje que se propone en las actividades que siguen.
Para que, interrogando el modo en que los medios definen las identidades y transmiten valores, la representación de los países deje de ser reducida, simplificada y parcial.
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