Quiero compartir que lean la nota completa:

La mayoría de los padres sobreexige a sus hijos desde el nacimiento.

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Esperan que resuelvan situaciones imposibles para sus edades. Esa presión puede provocar trastornos psicosomáticos y problemas de conducta en los chicos.

¿Cómo empezar a ordenar esta situación? Ante todo, coinciden las especialistas, hay que aceptar que no es un problema que el chico derrame la leche en el piso, no guarde los juguetes, no los comparta con otros nenes o no salude cuando llega de visita a un lugar. “Cuando se empieza a entender -señalan-que para cada situación los chicos necesitan su tiempo, la ansiedad de papás y niños baja y el clima se vuelve más propicio para establecer reglas”. Hay más sugerencias:

Acompañarlos en su desarrollo: jugar, leerles cuentos, compartir actividades cotidianas, sin retos ni exigencias. (El 91% de los papás hace pocas o ninguna actividad para favorecer esto).

Bajar el apuro de que el niño “crezca”, algo que muchas veces se considera un “halago” y sólo muestra padres devorados por una sociedad de la inmediatez.

Preguntarse quién necesita determinada cosa, el chico o el padre.

Aprender a escuchar y a observarlos. Así, el vínculo fluirá.

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Otro artículo de interés:
Chicos sobreexigidos: La obsesión por educar genios.

“¿Qué deben hacer los padres? Hay que estar atentos; analizar qué es lo que estamos eligiendo para nuestros hijos. Hoy está comprobado que la conexión con las emociones resulta básica para su normal desarrollo. “El éxito no depende del colegio donde fuimos. Una persona feliz es aquella que se encontró con lo que le gusta hacer, que se conectó con su ser y eligió; alguien que en la niñez tuvo la oportunidad de seguir la línea de sus ritmos evolutivos. Una persona que hizo las cosas para cumplir con un rango social, con las expectativas de otros, en la adultez quizá padezca úlceras, problemas cardíacos, anginas de pecho, contracturas, problemas vinculares y poca capacidad para disfrutar de la vida y del dinero que gana”, concluye Depalma.

El aceleramiento, el apuro, la negación de la niñez como costumbre es una enfermedad de los adultos que debemos curar. No la volvamos hereditaria. Hacerlo puede anular la capacidad de los chicos para ser felices. Estamos a tiempo de cambiar el rumbo porque, al fin y al cabo, se trata de nuestros hijos.”

Casi todo lo humano está en la infancia. Cuando esa etapa ha sido feliz, sana, llena de afecto y bien enfocada, uno sale fuerte para todo.”
Enrique Rojas

La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras“.
Jean Jacques Rousseau

Lourdes Quinteiros.-
Psicopedagoga
lourdesquinteiros@yahoo.com.ar
www.lourdesquinteiros.com.ar

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